<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264</id><updated>2009-10-13T22:14:33.652+02:00</updated><title type='text'>Planeta Moleskine</title><subtitle type='html'>Unos cuantos locos enamorados de la literatura que comparten su pasión</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default?orderby=updated'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25&amp;orderby=updated'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>79</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-7053194425617853986</id><published>2007-07-04T22:10:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:05:00.174+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Agradecimientos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Hola a todos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiero agradecer a Marta y a Jorge. A Jorge como padre de la idea y a Marta porque matriculó el niño en la red. También quiero agradecer la gran acogida que tuvo entre los integrantes de la Generación Moleskine la creación de este espacio.&lt;br /&gt;Será un espacio dónde estemos juntos como en Arena en los zapatos...&lt;br /&gt;Espero entonces que todos sus integrantes participemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un abrazo a todos,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nacianceno&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-7053194425617853986?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/7053194425617853986/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=7053194425617853986&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7053194425617853986'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7053194425617853986'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/07/prueba2.html' title='Agradecimientos'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-4806706380003318016</id><published>2007-07-08T22:29:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:05:00.173+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Receta para dos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la abuela Emilia quien a pesar de no&lt;br /&gt;estar con nosotros, para mí sigue viva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba. Con su delantal blanco con bordes azul claro, su cabellera larga y blanca como el algodón y tan recta como una viga de acero. Estaba parada junto a la mesa de la cocina con sus manos delicadas y sus dedos largos y hermosos sosteniendo la cebolla cabezona que iría a triturar con un cuchillo que tenía que ser tan pequeño como para no asustar a los que entraran en su reino. Con la mano derecha agarraba la cebolla y con la izquierda el cuchillo y empezaba el concierto de primero se parte por la mitad y cada mitad se corta por separado y la primera mitad se debería presionar con los dedos índice y pulgar y se corta primero a lo largo y luego a lo ancho y así formando líneas delgadas para que la cebolla quedara cortada lo más fino que se pudiera y después el mismo ritual con la segunda mitad. A la abuela nunca se le veían lágrimas en este oficio de matar cebollas cabezonas. Y en la cocina nunca podía faltar una trenza hecha con ajos y colgada junto a la ventana, si Rafa, ajos, pero la abuela tenía el secreto y sabía que el insoportable olor a ajo se podía ahuyentar a punta de cebolla. Y tampoco podía faltar la vasija de barro cocido en una esquina de la cocina sobre una armadura metálica donde la abuela tenía todo el tiempo agua pura para beber, agua hervida para ser más precisos, porque a la abuela le preocupaba que sus nietos fueran a llenarse de lombrices por culpa de un agua mal hervida. En la cocina solía existir un orden de la Madona: todo tenía su puesto, desde las cazuelas y las ollas hasta los cucharones y tenedores grandes tan parecidos a los rastrillos del abuelo. Su fogón de leña era tan limpio que su brillo podía encandilar. Y la siguiente nota estaba por escribirse, el tomate primero había que despellejarlo, pasado por agua caliente, así le saldría con facilidad el cuero. Con el cuchillo se hacía una pequeña ranura para sacarle todas esas pepitas y así se evitaría que uno las trague, pues terminarían creciendo matas de tomate en el estómago y el día menos pensado le saldrían a uno hojas por las orejas, decía la abuela que lo había leído en algún libro científico. Luego había que rebanarlo tan fino como a la cebolla, porque irían a parar al mismo tiesto y para que no se fueran a resentir, qué por qué yo estoy cortado más grande que la cebolla o yo más grande que el tomate y empezaría la pelea entre el tomate y la cebolla y terminarían por dañarle el gusto a ese plato exquisito que la abuela preparaba. Y después la sartén por el mango y a la fogata, un poquito de aceite y a freír la cebolla se dijo. Y venía lo más engorroso de la labor culinaria y la abuela con una paciencia de tortuga y con una cuchara de palo revolvía y revolvía para que no se quemara la bendita cebolla. Llegar al punto era de lo más complicado del asunto y por más que la abuela me lo explicaba y explicaba nunca lo aprendería. Ahora le tocaría el turno al tomate que en una pila ordenada sobre la tabla de cortar esperaba rojo de la ira porque la cebolla le había quitado el turno. La abuela lo tranquilizaba llevándolo con el mejor de sus cariños y lo depositaba sobre la cebolla en su punto. Y sin darme cuenta cuándo, la abuela ya tenía preparado en una vasija plástica, los huevos batidos con sal al gusto y los vertía sobre la cebolla y el tomate que ya habían alcanzado una amistad ineludible. Al calor de la fogata iba mezclando estos ingredientes que se irían a convertir en un manjar del Olimpo. Y no debía quedar ni muy húmedo ni muy seco y ya estaría listo para servir. La abuela me llamaba y yo me sentaba a la mesa en la cocina y con el tenedor iba apartando lo pedazos de tomate que encontraba y que tanto me disgustaban en la comida y vaya uno a saber si una pepita de esas no se le había pasado a la abuela a pesar de sus ojos de águila.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-4806706380003318016?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/4806706380003318016/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=4806706380003318016&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/4806706380003318016'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/4806706380003318016'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/07/receta-para-dos.html' title='Receta para dos'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-8355530597524901256</id><published>2007-07-27T15:21:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:04:46.927+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Lucha de titanes</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Buscó para el desayuno el cacho de pan que se le había caído la noche anterior. Levantó un periódico viejo que le había servido de cobija en otros tiempos, ahora tenía algo mejor: un pedazo de cartón limpio. No encontró nada. Corrió la silla destartalada. Movió la mesa de madera sucia. No encontró nada. Levantó los cartones que le servían de colchón y tampoco encontró nada. De repente escuchó un ruido que creyó venía de la altura de sus tripas. Se detuvo un instante, se acomodó el cabello largo y raído, presionó el estómago con ambas manos para calmar el ruido. Con la cara enjuta y los ojos hundidos siguió buscando el pedazo de pan y el ruido. Para el hombre era más llevadera la vida cuando podía ocupar su tiempo buscando aunque fuera el pedazo de pan. Se agachó y en cuatro patas siguió con sus pesquisas. En un rincón del recinto pudo ver una lata redonda y vacía de dónde salía el estridor. Desde la parte abierta de la lata pudo divisar en su interior a un ratón comiéndose el mendrugo de pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-8355530597524901256?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/8355530597524901256/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=8355530597524901256&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8355530597524901256'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8355530597524901256'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/07/lucha-de-titanes.html' title='Lucha de titanes'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-2402614385747315152</id><published>2007-07-20T22:39:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:04:46.927+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Elena</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A Elena la conozco desde siempre. La primera que vi en mi vida, fue a la de Esparta, la que se escapó con Paris a Troya. Desde entonces cualquier mujer que se llame Elena me pone en estado de alerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos llamaron en la oficina para presentarnos a una nueva compañera, ahí estaba parada en el centro y la sentí algo nerviosa, uno a uno fuimos pasando para saludarla, le extendí mi mano y me dijo con una sonrisa infantil y acento dulce que se llamaba Elena y que en su país era un nombre muy popular. Me dijo también que venía de un país lejano, pero no dijo de dónde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace dos días había llegado a la ciudad y hoy apenas llegaba a nuestra oficina y sólo venía por unos meses. No lo puedo negar, era bella. Sus ojos con esa mirada profunda y tierna tenían el color del zafiro estrellado que alumbraba su cara ovalada. En mi vida he visto mujeres hermosas, pero Elena llevaba encima algo que la diferenciaba de aquellas. Al principio me acerqué poco a Elena, la timidez era mi compañera inseparable que me perseguía a todas partes. Y claro ahí estaba el zurumbático de Rogelio, que se creía el más galán de nosotros. No pude evitar tirarle una mirada cuando le tocó el turno para saludarla. Observé cómo la desvestía enterita con esa mirada socarrona. Y me di cuenta que se ofreció para enseñarle de cómo funcionaba todo en la oficina. Elena que era el retrato de la inocencia, le siguió como un corderito. Rogelio tenía la necesidad de aprovechar estos meses que Elena estaría con nosotros. Sus cabellos largos del color del oro opaco se meneaban al viento como la cola de las cometas que elevábamos en agosto. Caminaba como una potranca recién nacida, meneando sus caderas como si quisiera decir aquí me tienen. Sus labios eran rosados y sedosos y daban ganas de hacer con ellos lo que se hace con las fresas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Elena podría perdonarle todo, incluso que no me mirara, pero no podía soportar que el imbécil de Rogelio no quisiera quitarse de su lado y ella como si fuera el único en la tierra no me buscara para pedir ayuda. Su inocencia me producía temor. Y ya sabemos qué estaba tramando el sinvergüenza de Rogelio y Elena sin siquiera poder adivinar sus intenciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que pasaba por el lado de mi escritorio me envolvía con su fragancia de Givenchy, pero no me miraba y yo sabía que ella sabía que la estaba mirando y era entonces cuando su caminar era más coqueto. ¡Ay Dios cómo se movía! Yo supuse que lo hacía a propósito porque le daba por sacar pecho y esas dos montañas casi gemelas dejaban ver sus picos erguidos a través de la blusa de seda color rosa pálida que se confundía con su piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se llamaba Elena y sonreía con gracia y tarareaba una melodía conocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Rogelio no hacía esto, o por lo menos no lo había notado y tenía la esperanza que así fuese. Por suerte, el muy, bueno ese Rogelio no podía disfrutar de este paisaje, porque a Elena le daba por pasar cuando él estaba donde la jefe, Norma – otro bombón por cierto -. Rogelio hace algún tiempo quiso entrar en territorio de Norma, territorio abundante de todo, pero Norma, rápido lo sacó de taquito. Yo supe del incidente justo cuando me había armado de valor y ardía de ganas de decirle todo lo que me mortificaba por dentro. Me detuve a tiempo y desde entonces, me mordía las uñas y los dedos para no manifestarle nada que me pudiera delatar y más cuando me llamaba a su oficina. Las mujeres siempre sospechan estas cosas más rápido que los hombres y Norma sabía que yo llevaba un río embravecido a punto de salirse de su cauce. Se ha portado demasiado bien y siempre me trataba con benevolencia, yo supuse que era para no lastimarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa tragedia me salvó Elena. Sus piernas eran largas y preciosas, sus brazos largos y torneados, todo en ella era largo. Lo más corto eran sus miradas tibias hacia mí. Y tenía una sonrisa de niña mimada que desarmaba a cualquiera. En las noches de desasosiego cuando no tenía sino pensamientos para Elena, me acordaba de su sonrisa y mis reminiscencias terminaban en un acróstico para esta divinidad venida de tan lejos. Los iba guardando en la gaveta de mi mesa de noche. Tenía la esperanza de que algún día se los podría leer con mi voz de barítono agripado. ¡Sé tan poco de ella!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se llamaba Elena y sonreía con gracia y tarareaba una melodía conocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una ocasión alguien me preguntó que si en realidad Elena venía de tan lejos y yo le dije que sí. Y cuando me preguntó por el lugar exacto, le dije que no sabía dónde quedaba, pero que de todos modos ella tenía cara de venir de un lugar muy lejano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dirigía a las personas con una gracia de reina y era tan educada en sus modales como si se hubiese graduado en el colegio de monjas de La Presentación del cual Teresita era la Madre Superior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas veces salía detrás de ella sólo para verla caminar delante de mí. Me aturdía la agilidad con que Elena caminaba con unos tacones no muy altos y eludía los huecos en la calle adoquinada. Era una experta en equitación. Me avergonzaba hacer esto, pero era el más grande atrevimiento al que había podido llegar. Me sentía un canalla jugando al perseguidor de la víctima a la que no quería lastimar. Ella se llamaba Elena y sonreía con gracia y tarareaba una melodía conocida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de los ataques incesantes de Rogelio, tomé la decisión de acercarme a Elena y dirigirle la palabra e invitarla a tomar un café. Ya el tiempo se estaba agotando. Habíamos quedado de salir una tarde de esas. Mi idioma en su acento era la voz de un jilguero enamorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos encontramos en un Café del centro. Cuando me vio, me recibió con una sonrisa alegre y con una mirada ardiente de cuyas quemaduras no he podido recuperarme. El calor de la tarde era insoportable, pedí un cóctel y Elena pidió un helado adornado con frutas. Yo disfrutaba cada bocado que ella se comía. La forma tan original de morder las fresas, la ternura con que cogía la cuchara y la llevaba hasta su boca. La forma como saboreaba cada trozo de helado, la elegancia para poner las bolas de sandía entre sus labios. Yo me preguntaba entonces, cómo era posible tanta belleza junta. Llegué incluso a pensar que tanto la belleza como el poder ambos por separado y acumulados en una sola persona podrían ser igual de dañinos. Pero mi Elena era diferente, ella no sería capaz de hacerle daño a un ratón. Le pidió al mesero que le llevara un recado a la orquesta que tocaba y al momento escuché la melodía que Elena siempre tarareaba Salimos de allí y la acompañé hasta el edificio donde vivía. Era la víspera de su viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pidió que la acompañara al aeropuerto. Allí solos los dos en medio de un mar de desconocidos, la tomé de la mano, la tenía caliente y sedosa. Me entregó un sobre con la condición de no abrirlo hasta el anochecer. Esperé hasta que el avión despegó y vi como el cielo se iba devorando aquel armatoste de fierro que llevaba en su vientre un tesoro que tenía corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se llamaba Elena y sonreía con gracia y tarareaba ochi chernya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en mi casa acompañado por las sombras de la noche, abrí con desespero el sobre y saqué una hoja doblada en dos y que olía a Elena, contenía en una letra menuda y elegante la frase que me hizo un hombre feliz: Entre Rogelio y yo no hubo ni nada, ni besos. Elena. Esa noche dormí abrazado a su recuerdo. Pude entender mejor a Paris quien fue capaz de comprometer a la destrucción a toda una ciudad por una mujer bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-2402614385747315152?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/2402614385747315152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=2402614385747315152&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/2402614385747315152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/2402614385747315152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/07/elena.html' title='Elena'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-733415780160456842</id><published>2007-08-03T22:20:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:04:46.925+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>El hombre de la corbata azul</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El día clareaba y el silencio se metía por todas las hendijas y todos los poros. El hombre se levantó más temprano que de costumbre, se afeitó, tomó la ducha y se perfumó con su colonia para después de la afeitada. Se miró al espejo y vio al niño que fue, lo vio correr y treparse a los árboles, saltar y meterse con sus pantaloncitos cortos en los charcos de aguas calientes después de la lluvia. Vio al adolecente soñando con Dioselina, una mujer que le enseñó los hirsutos caminos del amor platónico. Luego pasaron imágenes del hombre maduro que terminó por entregarse en cuerpo y alma a Marta Elena, la mujer más bella que había visto en su vida y quien se negó después de tantas promesas a seguir alimentando su felicidad. Una mujer que se había convertido en los cuatro puntos cardinales de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una tarde después de regresar de una jornada agotadora encontró los armarios vacíos, vio que los perfumes del baño ya no estaban. Los discos y los libros que le había regalado habían desaparecido. La llamó, la buscó por los lugares que frecuentaban juntos, pero ni rastro de ella. Examinó los espacios que él sabía que a ella le gustaban. No encontró nada que le pudiera dar referencia de Marta Elena. Lo único que se salvó de aquel desvalije fue una foto pequeña que llevaba siempre en su billetera. La primera que ella le regaló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió con la rutina de siempre. El café de la mañana después del baño y luego se vistió, se puso la corbata amarrada con el nudo de Windsor (no sabía atar otro y lo hacía en su rodilla). Una corbata azul oscuro. Se vistió como a ella siempre le gustó. O por lo menos, así como se lo dijo, siempre que así se vestía. Se tomó el café con la paciencia de un burro y ya no quería pensar en lo sucedido. O sí, si pensaba porque era superior a su voluntad no pensar en ella. Hacía todo lo posible por borrar ese pasado que se había convertido en una carga pesada y que era incapaz de sobrellevar: no lo lograba por más empeño que le pusiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó su café, cogió una banca de la cocina y se dirigió al pasillo y la puso justo debajo de una barra que había en la puerta que desembocaba al salón. Se paró sobre ella y de la barra donde muchas veces hizo flexiones, amarró la corbata. Cuando se percató de que estaba bien asegurada, con un pie derribó la banca que produjo un estrépito que retumbó en toda la casa y luego el silencio se hizo eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-733415780160456842?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/733415780160456842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=733415780160456842&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/733415780160456842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/733415780160456842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/08/el-hombre-de-la-corbata-azul.html' title='El hombre de la corbata azul'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-7421083912068408076</id><published>2007-08-19T14:44:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:04:46.924+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Con el arma en vilo</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me pasó otra vez. De nuevo cuando quise subir al metro vi a ese tipo, con quien en cierta ocasión tuve un alegato, justo cuando quería comprar un tiquete para el tren. Lo vi y como cada vez que lo veía, lo quería acribillar, pegarle un par de tiros, pam, pam, pam. Y verlo caer mirándome a los ojos para que se fuera para el otro mundo sabiendo quien le dio sus merecidos tiros. Esta semana ya lo había matado varias veces. Y hoy, justamente hoy, cuando amanecí con el mejor humor del mundo después de haber soñado con una hermosa mulata entre mis brazos. Y que la besé tantas veces hasta que me dolieron los labios y los de ella aun sedientos y yo extenuado y ella aun pidiendo más y yo sin fuerzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en la siguiente estación se subió otro que ya había matado la última vez, porque no soporté que se me atravesara en el camino con su perro tirado en el corredor de la salida y ni siquiera se inmutó cuando pedía permiso para pasar, y el muy insolente se creyó dueño del metro, y yo haciéndome el culto, volví a pedir permiso y el tipo que por qué no tomaba hacia el otro lado que estaba libre y yo que en el último momento alcanzo a bajarme y le despedí en pensamiento las palabrotas de rigor para que se fritara en el infierno. Sólo entonces cuando el metro había partido y apenas sí alcanzaba a ver una lucecita en el túnel me acordé de pegarle un par de buenos tiros, para que aprenda y sepa que conmigo nadie se mete. Y no sé en que momento el vagón se llenó de muertos o mejor dicho de tantas personas que ya habían dejado de existir y que había matado del mismo modo que al del perro y al de la cola en la estación del tren cuando quería comprar el tiquete para viajar a Verona. Y lo más tremendo de todo, tener que soportar esas miradas de yo no fui, de angelitos sin alas, los desgraciados. Si ellos supieran que ya no viven para mí, que ya hace mucho debería estar comiendo tierra muchos metros debajo. Y yo metido en ese cementerio que si no fuera porque soy hombre de paz, los mataría otra vez para que los demás pudiesen disfrutar de la vida sin tener que soportar a esas bestias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ese, el del perro, un buldog que ya no sabía si el perro se parecía a él o él al perro, sus caras rechonchas y esa baba pegajosa chorreándoles hasta llegar al piso. Y ese, un extranjero de India o Bangladesh que a pesar de no ser de aquí, era un xenófobo de primera línea y detestaba a todo lo que oliera a extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni qué decir de aquella mujer que me gritó una vez cuando quería apearse del metro y sin decir ni mú, me dio un codazo que me dejó sin aliento. Y tras de ladrón bufón y me echó una mirada punzante y sus ojos arrojaban tanto odio que no tuve otro remedio que quedarme con mi dolor y esperar a que la suerte estuviera de mi parte, y la pusiera otra vez en la misma línea del metro. La vi subir, y no le di tiempo de que me reconociera y la acribillé con todas las fuerzas que pude tener para hacerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y esos gamberros que ponen los pies (las patas con zapatos) sobre las sillas y luego llega uno bien vestido y se sienta en uno de esos lugares antes estropeados por eso bellacos, pero como ojos que no ven, corazón que no siente y yo si los veo ahora y voy a guardar en mi memoria lo que estos animales (sin insultar a los animales) hacen. En una ocasión iban más de diez y se pusieron de ruana el vagón del metro y ponía los zapatos en las sillas y tiraban botellas de gaseosas y bolsas de comida al piso. ¡Qué barbaridad! Y yo hubiese querido tener una metralla y ponerlos a todos en su lugar, para que aprendan a comportarse como es debido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y qué decir de esos caguetas, el uno sacándome la lengua y haciendo monerías, mientras su mamá metía las narices en el periódico, en ese periódico barato que trae los chismes más insólitos y que cuenta la vida privada de los ciudadanos, y ni siquiera se percata que su hijo es un maleducado. Y el otro que cree que porque tiene cuatro o cinco años puede berrear a todo pulmón sin que su padre pueda hacer nada, porque cualquier cosa que le diga, el muy cara pálida le suelta una tanda de improperios que mejor hubiera sido no abrir la boca. Un par de tiros a cada uno no les iría mal o a lo mejor a la mamá y al papá que no los supieron educar, carajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí la anciana, sentada con su bastón, la muy racista me dio unos bastonazos que me dejaron unos chichones que todavía me duelen en la memoria. Al principio me pareció un exabrupto darle lo que se merecía, pero si a ella, a su edad, no le tembló la mano para levantar el bastón y ponérmelo en la cabeza, por qué yo, el agredido, podría tener alguna conmiseración con la vieja esa. Un par de tiros no le vendrían mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo me pude yo meter en esa camisa de once varas, yo subido en ese vagón como si fuera el único del metro y repleto de muertos vivos. No soporté la presión de ir acompañado de aquellas granujas y cambié de vagón. Más me demoré en hacer el cambio que en encontrarme con otro tumulto de mis víctimas. Me pareció terrible que a pesar de mi carácter pacífico yo tenía que seguir viviendo entre vivos muertos, asesinados por mi, por que se lo merecían, por que se comportaron como bestias salvajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero basta. No soporto más. Esto ya es demasiado. Ya no quería ser más ese Jack el destripador criollo y decidí tirar todas las armas a un río crecido que desde la infancia atravesaba por mi memoria y arrastraba todo lo que caía en sus entrañas, luego arrojé a mis victimas a las caudalosas aguas de ese río, para que no quedara rastro de mis travesuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viena, mayo 19 de 2006&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-7421083912068408076?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/7421083912068408076/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=7421083912068408076&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7421083912068408076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7421083912068408076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/08/con-el-arma-en-vilo.html' title='Con el arma en vilo'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-8399807608571626921</id><published>2007-08-24T14:42:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:04:46.923+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>En apuros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Tirado sobre una hamaca color arco iris colgada entre dos palos de cereza, estaba devorando cuentos que había seleccionado con tanto cuidado como si se tratara de un concurso literario. Tenía atravesada en la cabeza, como la tranca de una puerta, la idea de encontrar el secreto de los escritores para escribir cuentos.&lt;br /&gt;Al lado en una pequeña mesa dispuesta con tal diligencia y en orden, estaba el arrume de libros y hojas impresas y un vaso de jugo de guayaba y un lápiz con la punta tan afilada que se podría utilizar como jabalina para cazar mosquitos en el aire.&lt;br /&gt;La sombra de la casa me resguardaba aun del sol que por aquellos días empezaba a calentar. En el aire flotaba un ambiente de primavera y de lejos venía envuelto en un viento tibio el perfume de las magnolias. Mariposas azules y amarillas aleteaban a mí alrededor. Una que otra avispa aparecía en el horizonte. Otra mariposa de alas rojas con bordes negros se posó sobre la pila de libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acompañado de Julio Cortázar me interné por la autopista del sur y entendí de inmediato que la kilométrica cola de autos iba para largo y me puse feliz al finalizar el cuento y encontrarme fuera del alcance de tan terrible situación.&lt;br /&gt;Estiré mi mano para seguir con La pata del mono que me lo había recomendado un amigo una noche cuando estábamos vaciando botellas de vino tinto y escuchando boleros y me habló de un tal William Wymark Jacobs. La mariposa de alas rojas y bordes negros levantó vuelo. Al terminar el cuento para seguir con otro cuento, observé, sin detener la mirada, que en el vaso que contenía el jugo se formaban unas leves ondas circulares como cuando uno tira una piedra en un estanque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me dejé llevar de la mano de Gabriel García Márquez y nos internamos por los caminos alumbrados de La luz es como el agua y no respiré sino al final del cuento para dar un suspiro de gloria, parecido al suspiro de satisfacción al llegar al final de un arduo trabajo. De reojo me percaté que las olas en el vaso seguían esparciéndose.&lt;br /&gt;Me estremeció un temblor de curiosidad y me incorporé en la hamaca para cerciorarme que del cielo no estuvieran cayendo meteoritos en mi jugo. Mi sorpresa fue tan grande que la posibilidad de encontrar una lluvia de piedrecillas acelerándose al vaso con jugo se desbarató de inmediato, pero en cambio encontré al ser más laborioso e inofensivo y del que nunca pude saber que fuerza natural lo había llevado allí: era una abeja nadando en un mar de guayaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en el centro del vaso, un vaso de Bohemia, pesado y de fondo grueso, un vaso ancho y enano. Estaba tan indefensa y tan asustada que cada vez que movía sus alas, era como si luchara contra la corriente. No podía levantar vuelo y esas alas que alzaron por los aires muchas veces su diminuto cuerpo, se iban pegando al mismo cuerpo y podría pensarse más bien que estuviese atrapada en una sopa de pegamento.&lt;br /&gt;Sus patitas traseras se movían como los remos de una canoa. Con las patitas delanteras se limpiaba la cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin quitar la mirada del vaso, busqué a tientas sobre la mesa y entre las hojas impresas, algo para seguir leyendo aunque fuera de reojo. Me topé con Pedro Emilio Coll y El diente roto y mientras Juan Peña acariciaba con su lengua el diente roto sin pensar, la abeja movía sus patitas haciendo intentos para liberarse de aquel trágico destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un momento de desespero movió sus seis patitas y remaba sin coordinar sus movimientos dando vueltas alrededor del mismo punto como si se encontrara presa de un remolino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cuanto tiempo llevaría allí. Sus movimientos descoordinados no la llevaban a ninguna parte. Por un instante me dio la impresión de que estaba resignada a morir en mi jugo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus remos se movían con menos fuerza, a veces sólo movía las patitas traseras, otras veces las patitas del medio y otras sólo las delanteras y ya ni siquiera se preocupaba por limpiarse la cara embadurnada con el jugo de guayaba.&lt;br /&gt;Y cuando Juan estaba a punto de ser coronado Presidente de la República, y antes de que la apoplejía lo sorprendiera acariciándose el diente roto con la punta de la lengua, busqué a tientas el lápiz puntiagudo y rompí con mi embeleso y me dispuse a sacar de apuros a aquella abeja, a la que se le iba apagando la vida en mi jugo de guayaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-8399807608571626921?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/8399807608571626921/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=8399807608571626921&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8399807608571626921'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8399807608571626921'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/08/en-apuros.html' title='En apuros'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-9024224980152043444</id><published>2007-09-04T18:44:00.001+02:00</published><updated>2009-03-09T22:03:23.686+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Quién las entiende</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La mujer abrió la ventana por donde entró sin pedir permiso un viento álgido: era el invierno más raro desde hacía mucho años con un sol de primavera. Las velas estaban encendidas sobre la mesa del comedor al frente de la ventana. El hombre se encontraba recostado leyendo los periódicos acumulados de toda la semana, incluidos los del fin de semana con los suplementos dominicales. En algún momento puso los ojos sobre la mesa que sacó por encima del periódico abierto de par en par. Miró sin prestar atención como la ráfaga de viento volcaba el candelabro de madera y la vela encendida derramaba ese líquido caliente sobre el mantel y prendía fuego a una servilleta usada que se quedó olvidada sobre la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer caminaba en otro lugar de la casa, pero el hombre seguía allí, tirado en un sofá barato, azul oscuro, devorando los periódicos que tenía arrumados en una mesita junto al sofá. El hombre había programado una tarde de lectura y no deseaba que nadie lo importunara. Un destello de la servilleta a punto de consumirse le robó una mirada fugaz. Y siguió tan ensimismado que eso que sucedía a escaso cinco metros, le pareció como si lo viera a través de la pantalla del televisor. Creyó que la mujer había dejado quizás el aparato encendido, pero mudo, para no molestarlo en su apacible relax de lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al hombre le pareció extraño que la mujer no hubiese vuelto para cerrar la ventana, pero no se inmutó por el frío que le estaba entrando. La mujer, cuando él estaba en la sala-comedor, había parado en la cocina y allí abrió un armario repleto con revistas de cocina y allí podía permanecer horas y horas leyendo las recetas que ya había visto más de mil veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada uno en su espacio abstraído por la dulzura de lo que hacían, se olvidaba el uno del otro y el mundo a su alrededor se limitaba al único quehacer del momento: lectura de periódicos, él y lectura de recetas de cocina, ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las llamas tomaban fuerza y la servilleta había quedado reducida a una laminilla gris oscura y deleble, y le había cedido el fuego al mantel. El candelabro de madera alcanzaba un alto grado de facilidad para las llamas. Estaba bañado en parte por la parafina de la vela recalentada. El otro candelabro seguía en pie y recordaba a uno de esos soldados estáticos al frente de la tumba del soldado desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El lugar donde se había derretido la vela caída, era un remolino de fuego y la lámina de madera de la mesa del comedor, iba cediendo ante el embate de las llamas. Allí se iba formando un círculo oscuro desde donde se elevaba una llama entre azulosa y amarilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre no se enteraba de nada, seguía con las narices metidas en el periódico. La ventana dejaba pasar frío sin inmutarse en detenerlo. El único que sintió que se le iba bajando la temperatura del cuerpo fue el hombre, quien al sentir que las manos y los pies se le helaban, pegó un grito que retumbó en toda la casa. La mujer vociferó algunas palabras inentendibles, que traían en el aire el sabor de la ira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre sintió un olor a quemado, pero tampoco se inmutó, se dijo para sí, que quizás la mujer, como a veces le ocurría, dejó quemar algo en la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre volvió a gritar que tenía frió, si retirar la atención del periódico, Esta vez se oyó clarito que la mujer decía que moviera el grasoso culo y que cerrara el mismo la ventana, si era que tenía tanto frío: estaba iracunda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer salió corriendo desde la cocina y traía una sarta de palabras dispuesta a ponérselas en la cara al hombre quien ya la tenía harta con su endemoniada quietud cuando llegaba a la casa y se sentaba en su trono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toda la munición que había recogido para la guerra que tenía prevista, fue incautada por la sorpresa que tuvo. Al salir de la cocina y entrar en el corredor que lleva al salón, donde estaba la poltrona del hombre, alcanzó a divisar una bola candente que se precipitaba al piso dejando un agujero en la mesa y que seguía con unas llamas pequeñas a su alrededor. El soldado estatua caía derribado por las llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer lanzó un grito de impotencia y desesperación y se acercó a la mesa humeante del comedor. Cayó arrodillada y se tapó la cara con las manos. Irrumpió en gritos de llanto y desgracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre sin sacar los ojos del periódico, pensó que la mujer berreaba porque se le habían quemado las galletas en el horno y lanzó un resoplido detrás del periódico y sólo atinó a decir:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Quién las entiende!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-9024224980152043444?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/9024224980152043444/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=9024224980152043444&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/9024224980152043444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/9024224980152043444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/09/quin-las-entiende.html' title='Quién las entiende'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-6171865305619034870</id><published>2007-09-13T21:44:00.001+02:00</published><updated>2009-03-09T22:03:23.685+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Norma</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se llamaba Norma. Pero en realidad me hubiera gustado que se llamara Penélope. Pero a pesar de esto me gustó con nombre y todo. Y me enamoré de Norma, a primera vista, sin tener que repetir el ejercicio de volverla a ver. Fue un flechazo y sólo uno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bastó la mirada penetrante y hechicera de sus ojos negros como la noche profunda. Me sacudió por dentro y yo supe que mi vida volvía a tomar su rumbo, volvía a tener sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por aquellos días la soledad se me había pegado a la piel como una sanguijuela y no había la posibilidad de alejarla por más que lo intentaba. Había encontrado mujeres en mi camino con quienes no pasaba más allá de una noche de jarana y besos, de sudor y cama, de alcohol y carcajadas. Pero no dábamos para más. Nuestro mundo acababa ahí, con los primeros rayos del sol que me daban en la cara. Con otras, muy guapas, duraba lo que dura un suspiro y salían de mi casa después de nuestro encuentro ligero, casi en la sala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que me encontraba con una mujer y nos entregábamos para desnudarnos hasta los huesos, yo me sentía más solo, más triste, más infame, más inhumano. A ellas les parecía normal todo esto, me disfrutaban y yo era un hombre más en su vida donde el siguiente me eclipsaría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me da vergüenza aceptarlo, pero Norma me salvó de este aislamiento. Yo empecé a frecuentar su lugar de trabajo, y buscaba cualquier disculpa para ir a verla. Ella se percató de mis asiduas visitas y empezó a mirarme cada vez que me veía. Y ese idioma de sus ojos me llegaba al alma y temblaba de la emoción de saberme correspondido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entendí que con Norma las cosas serían diferentes porque con ella sentí algo más fuerte y no tenía prisa de llevarla a la cama, ese no era mi interés primordial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezamos a salir y con nuestras conversaciones dedujimos que era como si nos conociésemos desde siempre. Nos encantaba encontrarnos y nos quedábamos mucho tiempo hablando, contándonos muchas cosas, riendo y disfrutando del tiempo que teníamos juntos. Era como si quisiéramos rescatar el tiempo que no habíamos tenido antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entendí que a Norma la podría querer por siempre y decidí que sería a ella a quien le entregaría este raudal de amor recolectado y reprimido a lo largo de toda mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-6171865305619034870?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/6171865305619034870/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=6171865305619034870&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6171865305619034870'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6171865305619034870'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/09/norma.html' title='Norma'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-2488776824860145153</id><published>2007-09-19T13:42:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:03:23.684+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Canción inefable</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style=""&gt;A Guillermo Márquez&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                                                                        &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;… y estos días discurren lentamente.&lt;br /&gt;… y estos días transcurren ya muy raudos.&lt;br /&gt;Ya no son los tardos que de antes,&lt;br /&gt;venían culminados; venían caminantes.&lt;br /&gt;Ayer fueron presente, mañana un futuro;&lt;br /&gt;después… después seré un poco más maduro.&lt;br /&gt;Emigran ya mis horas; se extinguen ya mis días:&lt;br /&gt;con más mérito la muerte que mi vida,&lt;br /&gt;pero más importante la vida que mi muerte.&lt;br /&gt;Ella, mi vida, tan sutil y tan llena de elegías&lt;br /&gt;convierte este mutismo de sosegadas horas,&lt;br /&gt;en póstumos declives, en desolada suerte.&lt;br /&gt;Ella, la muerte, en disoluto incienso. Perenne.&lt;br /&gt;Se hace interesante bajo el ignoto numen&lt;br /&gt;del hombre que agoniza.&lt;br /&gt;Sus pasos tienen forma de recamados visos&lt;br /&gt;que se hunden melodiosos en el novel varón.&lt;br /&gt;No tiene predilectos, -al menos eso dicen- ;&lt;br /&gt;tal vez no sea el día que diga lo contrario,&lt;br /&gt;- no hay que ser hipotético-.&lt;br /&gt;Ambas son una, y una son ambas;&lt;br /&gt;unidas van, unidas tornan.&lt;br /&gt;Es inefable la vida, lo es también la muerte.&lt;br /&gt;Estoy aquí sintiendo la luz que me columbra,&lt;br /&gt;y sólo a un paso de definirme una.&lt;br /&gt;Soy un vaivén constante de voluptuoso pliegues&lt;br /&gt;en busca de vívidos sofismas mujeriles,&lt;br /&gt;en busca de ilusiones transitorias,&lt;br /&gt;en busca de mi suerte.&lt;br /&gt;En mi sed vital, ansío largos años.&lt;br /&gt;¡Todo tan vano!&lt;br /&gt;Estos instantes se consumen,&lt;br /&gt;cual candil ardiente.&lt;br /&gt;Me alejo de la vida…&lt;br /&gt;Me alejo de la vida…&lt;br /&gt;¡Me aproximo a la muerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-2488776824860145153?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/2488776824860145153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=2488776824860145153&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/2488776824860145153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/2488776824860145153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/09/cancin-inefable.html' title='Canción inefable'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-8414503954993358273</id><published>2007-10-17T18:43:00.001+02:00</published><updated>2009-03-09T22:03:23.683+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Mariposas amarillas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto volvió a sentir ese deseo que dormía desde hacía tiempo. Llevó siempre entre sus cosas un libro para que se lo firmara el Maestro, por si lo encontraba. «Las oportunidades pueden estar colgadas en el aire», pensaba. Pero había desistido de aquella empresa porque a cada paso la oportunidad se la llevaba el viento. Y se le despertó cuando vio al Maestro en la televisión, leyendo, en Cartagena de Indias, el discurso en homenaje a su obra cumbre, esa que permanecería al lado de El Quijote.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Sacó el libro que tenía guardado con mucho esmero. Las hojas estaban amarillentas y percudidas: era la edición peor editada de esa novela. Tal mal hecha que Amaranto había tenido que pegar varias veces sus hojas cuando lo estaba leyendo por tercera vez y aún así las hojas seguían desprendiéndose como si les hubiese llegado el otoño.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;En la Ciudad Amurallada, donde suceden muchas de sus obras, no tuvo acceso al Maestro por la seguridad tan alta que habían dispuesto las autoridades locales y no se sabía si era por la presencia del escritor o por la llegada del Rey y la Reina de España, o por la presencia de un ex presidente de los Estados Unidos (quien acudió especialmente para estar con el novelista) o por las tres cosas a la vez.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto supo que las efemérides conmemorativas, que se prolongarían hasta finales de marzo y en las cuales estaría el Maestro, serían la ocasión que esperaba para obtener el autógrafo para su libro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Supo que el escritor haría un viaje a su tierra natal en un tren que todo el mundo insistió en llamar el tren amarillo, pero que resultó ser tan blanco como el algodón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;— Este es el momento que esperaba —pensó Amaranto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;El día que llegaba el tren, Amaranto madrugó más que de costumbre y se estacionó donde supuso que el Maestro se bajaría. En un líchigo de cabuya llevaba el libro y un lapicero y se recostó en una pared recién pintada para la visita y no parpadeó durante las horas que duró la espera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Minutos antes de que llegase el tren a la estación, todo el mundo sabía que estaba cerca porque la algarabía se hacía más intensa y la gente se apeñuscaba para ver llegar el tren con su pasajero más célebre, quien hacía muchos años no pisaba la tierra que lo vio nacer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto se dio cuenta que no podía llegar hasta el tren porque venía acompañado de un corrillo que había estado creciendo desde los pueblos aledaños y que hacía imposible acercarse. En un último relámpago de viveza corrió y se acomodó a un lado de la senda roja por dónde tendría que pasar el Maestro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Lo alcanzó a divisar cuando se apeaba del tren. Venía vestido de blanco con su liquiliqui como cuando recibió el Premio Nobel de Literatura veinticinco años atrás. Lo vio acercarse con pasos de elefante y el aire se detuvo y para atravesar cada centímetro se requería de un esfuerzo descomunal. Venía sonriente y levantaba la mano derecha para saludar a la multitud que salió a su encuentro. Todo el mundo lanzaba las manos para tocarlo o para que el Maestro los tocara. El cerco de hierro recién pintado que los separaba, crujía bajo el peso de la muchedumbre que quería manosear al Maestro. Amaranto se arriesgó a extender su mano con el libro. El Maestro como si entendiera el deseo de Amaranto, tomó el libro y se detuvo. Con elegancia sacó su pluma del bolsillo de la camisa. El bullicio cesó por un instante. La gente quedó congelada como si el escritor hubiese sacado una varita mágica. El Maestro se percató del estado en que se encontraba su obra y lo abrió con diligencia por la primera página y garabateó las líneas de rigor. El Maestro levantó la mirada buscando al dueño del libro y se lo extendió.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Amaranto con los ojos redondos de incredulidad y sin parpadear seguía el movimiento de su libro. Su cara se cubrió con una sonrisa de oreja a oreja. Sólo se escuchaba la respiración pesada del Maestro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;La gente había desplazado a Amaranto unos centímetros en el momento en que el escritor le iba a entregar el libro firmado. Cuando el Maestro tenía el libro aún en alto, lo soltó y todas las hojas se fueron desprendiendo y empezaron a volar como mariposas amarillas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-8414503954993358273?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/8414503954993358273/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=8414503954993358273&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8414503954993358273'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8414503954993358273'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/10/mariposas-amarillas.html' title='Mariposas amarillas'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-7765243913232825320</id><published>2007-10-21T10:49:00.000+02:00</published><updated>2009-03-09T22:03:23.682+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Desangre</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Me desangro&lt;br /&gt;gota a gota&lt;br /&gt;por la herida&lt;br /&gt;de tus selvas&lt;br /&gt;de tus pechos&lt;br /&gt;de tu tierra&lt;br /&gt;de tu cuerpo&lt;br /&gt;de tu fauna&lt;br /&gt;de tu boca&lt;br /&gt;de tu flora&lt;br /&gt;de tu lengua&lt;br /&gt;de tus mares&lt;br /&gt;de tus piernas&lt;br /&gt;de tu cielo&lt;br /&gt;de tu cuello&lt;br /&gt;de tu aire&lt;br /&gt;y de tu sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-7765243913232825320?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/7765243913232825320/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=7765243913232825320&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7765243913232825320'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7765243913232825320'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/10/desangre.html' title='Desangre'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-6411204529663098338</id><published>2008-04-01T23:32:00.003+02:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.502+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>El hombre que cayó del cielo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_ElyXzU8rXJ4/R_KqBoc5clI/AAAAAAAAAek/t-PhtVHH7gM/s1600-h/clavel.JPG"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_ElyXzU8rXJ4/R_KqBoc5clI/AAAAAAAAAek/t-PhtVHH7gM/s320/clavel.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5184393066072076882" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Le dije que había caído del cielo y ella lo tomó como un hecho más de los tantos que ocurren. La encontré por casualidad, si es que las casualidades existen, en una estación de gasolina abandonada y solitaria en medio de &lt;st1:personname productid="la carretera. Se" st="on"&gt;la  carretera. Se&lt;/st1:personname&gt; llamaba Valentina. Yo llevaba muchos kilómetros caminando por la orilla en la dirección que llevaban los automóviles, con la esperanza de&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;llegar a algún caserío donde pasar &lt;st1:personname productid="la noche. No" st="on"&gt;la noche. No&lt;/st1:personname&gt; quería quedarme en medio del campo. Esperaba por lo menos poderme resguardar bajo el alero de alguna casa. Aunque no me molestaba la idea de dormir vigilado por las estrellas, quería sentirme protegido por un pedazo de techo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Había entrado a comprar pan a la tienda de la gasolinera y cuando salí con la última baguette que quedaba, encontré su vehículo parqueado justo a &lt;st1:personname productid="la entrada. Me" st="on"&gt;la  entrada. Me&lt;/st1:personname&gt; acerqué. Valentina bajó el vidrio y me preguntó si quedaba más pan. Le dije que no, que era el último. Luego le pregunté hacia dónde&lt;span style="color:red;"&gt; &lt;/span&gt;se dirigía y ella con una sonrisa en la cara me dijo que iba para Armonía, el pueblo cercano donde vivía. Yo le pedí el favor de que me acercara y me dijo sí, pero que me valía un pedazo de baguette. Sonreí y le acepté el trato, le dije que incluso podría pagarle con la mitad.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Allí sentado le agradecí que me hubiese dejado entrar a su vehículo sin temor a un hombre desconocido y a esas alturas de &lt;st1:personname productid="la noche. No" st="on"&gt;la noche. No&lt;/st1:personname&gt; sólo era bella: era también valiente. Me preguntó de dónde venía. «He caído del cielo», le dije. Y le conté que había caminado mucho. Valentina tenía una sonrisa de luna. Me acordé de las palabras del poeta “Debajo de tu piel vive &lt;st1:personname productid="la luna.” Su" st="on"&gt;la luna.” Su&lt;/st1:personname&gt; cabello azabache se confundía con &lt;st1:personname productid="la noche. Su" st="on"&gt;la  noche. Su&lt;/st1:personname&gt; voz era de miel y empezó a hacer eco en mi cabeza. Con la afabilidad de su trato se me quitó el cansancio que había empezado a metérseme en los huesos. Sentí que unos minutos allí sentado me traerían el descanso que mi alma errante buscaba. Además Valentina tenía una melodía en su voz que me hechizaba y empezamos a hablar despacio sobre nuestros gustos y sobre lo que nos interesaba más en &lt;st1:personname productid="la vida. Me" st="on"&gt;la  vida. Me&lt;/st1:personname&gt; sentí muy bien acompañado. Y cada vez que la miraba sonreíamos los dos. Valentina estaba concentrada en el volante y me decía que era curioso que yo anduviese por aquellos lares. Me dijo que nunca antes había visto a nadie caminar por aquellos parajes. Tuve la ligera impresión de que mis miradas quemaban su cara&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;                &lt;/span&gt;— No todos los días cae gente del cielo —interpelé.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;                &lt;/span&gt;— Ojalá cayeran más a menudo y fueran como tú.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Sentí un leve rubor y agradecí a la noche que se confabulara conmigo y que Valentina no lo pudiera notar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;                &lt;/span&gt;— ¿Tienes hambre? —me preguntó.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;                &lt;/span&gt;— Yo leo para saciar el hambre y sólo cuando el ardor en el estómago se hace irresistible, me nutro con un mendrugo de pan.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Saqué del interior de mi abrigo una antología de poesía que me acompañaba desde hacía mucho tiempo y se &lt;st1:personname productid="la enseñé. Empezamos" st="on"&gt;la enseñé. Empezamos&lt;/st1:personname&gt; a hablar de Neruda y me dijo que conocía algo de su poesía.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Al llegar a Armonía me preguntó si me apetecía una cerveza. Por un momento lo pensé y sentí calor en &lt;st1:personname productid="la cara. No" st="on"&gt;la cara. No&lt;/st1:personname&gt; sabía qué decirle, pero tenía que decirle algo, no quería truncar la conversación con aquella bella mujer y por fin logré decirle que sí, que me encantaría.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;&lt;span style=""&gt;                &lt;/span&gt;— A cambio te leo algo de Neruda —le dije.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Una sonrisa se enmarcó en su cara y en sus ojos. La vi tan bella como una rosa en medio de &lt;st1:personname productid="la noche. Buscamos" st="on"&gt;la noche. Buscamos&lt;/st1:personname&gt; un lugar donde tomarnos una cerveza, pero todo estaba cerrado. Parecía como si los únicos habitantes allí, fuéramos nosotros. Me propuso entonces ir a su casa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;En el salón la atmosfera de tranquilidad se asemejaba a la forma de ser de Valentina. Las pocas luces que venían del techo y de una lámpara en forma de faro que lanzaba la luz desde lo alto y otra como un pequeño reflector, reforzaban la calma de aquel recinto. Nos sentamos en el sofá y seguimos hablando. Había una fuerza que me hechizaba;&lt;b style=""&gt; &lt;/b&gt;un imán que me atraía hacia Valentina&lt;b style=""&gt;. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Conversamos varios minutos y no podíamos parar de hablar y de mirarnos y de sonreír. Valentina se levantó y al instante regresó con dos cervezas frías y un libro de Neruda y me pidió que le leyera lo que yo quisiera. Abrí el libro al azar y me encontré con estos versos:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;“Como es duro este tiempo espérame: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;vamos a vivirlo con ganas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Dame tu pequeñita mano: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;vamos a subir y a sufrir,&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;vamos a sentir y saltar.”&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Valentina los escuchaba extasiada y sus ojos brillaban. Bebíamos la cerveza a sorbos cortos. Bebíamos de la lata, bebíamos despacio como si quisiéramos detener el tiempo sólo para los dos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Era tarde y me preguntó dónde iba a pasar &lt;st1:personname productid="la noche. Yo" st="on"&gt;la noche. Yo&lt;/st1:personname&gt; le respondí que en cualquier lugar, bajo cualquier alero o junto a cualquier portón, con tal de no mojarme, pues no llevaba más ropa que la que tenía puesta.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Me miró a los ojos y me propuso que podría dormir en el salón, allí mismo en el sofá. Yo le dije que el diván era suficiente. Yo sólo necesito un espacio dónde tumbar mi cuerpo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;En algún momento me levanté y me puse a mirar los libros que tenía en unos anaqueles empotrados en la pared. Valentina al verme curiosear me dijo que no le interesaban mucho aquellos libros, que los utilizaba para rellenar los huecos y que más bien los coleccionaba por el color de sus lomos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt; text-align: justify; line-height: normal;"&gt;Nos quedamos conversando largamente, leímos más poemas y se hizo tarde. La noté cansada. Me contó que había tenido una semana muy dura de trabajo. Seguí leyendo en voz alta y cuando giré la cabeza hacia donde Valentina, me escuchaba con su sonrisa de luna. Solté el libro y cerré los ojos. No sé cuánto tiempo los tuve cerrados, al abrirlos la vi durmiendo y estaba bella. Me quedé ahí sentado, casi a su lado, viéndola dormir y en su semblante se dibujaban noches de luna llena. Eran tan claros sus sueños que veía ovejas blancas y redondas saltando de un lado para otro sobre el prado verde, jugando entre ellas y sin balar como para no despertarla. Viéndola en ese estado de desamparo sentí unos deseos inmensos de meterme en sus sueños.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-6411204529663098338?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/6411204529663098338/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=6411204529663098338&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6411204529663098338'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6411204529663098338'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/04/el-hombre-que-cay-del-cielo_01.html' title='El hombre que cayó del cielo'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_ElyXzU8rXJ4/R_KqBoc5clI/AAAAAAAAAek/t-PhtVHH7gM/s72-c/clavel.JPG' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-7811239774475532024</id><published>2008-01-15T21:08:00.000+01:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.502+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Geografía</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="line-height: 115%;" lang="ES"&gt;Por entre árboles,&lt;br /&gt;montañas y laderas&lt;br /&gt;corren precipitados&lt;br /&gt;ríos de sangre.&lt;br /&gt;Arrastran todo&lt;br /&gt;cuanto encuentran a su paso:&lt;br /&gt;presentes, ilusiones y futuros.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-7811239774475532024?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/7811239774475532024/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=7811239774475532024&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7811239774475532024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7811239774475532024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/01/geografa.html' title='Geografía'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-6204767601433116769</id><published>2008-05-26T20:17:00.004+02:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.501+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Invitación</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: left;"&gt;Cuando la nostalgia&lt;br /&gt;te allane&lt;br /&gt;cuando la tristeza&lt;br /&gt;te asuste&lt;br /&gt;cuando el cansancio&lt;br /&gt;te aburra&lt;br /&gt;cuando la soledad&lt;br /&gt;te azote&lt;br /&gt;cuando el porvenir&lt;br /&gt;te angustie&lt;br /&gt;cuando las ganas de vivir&lt;br /&gt;se te acaben&lt;br /&gt;cuando la muerte&lt;br /&gt;te aceche&lt;br /&gt;cuando el amor&lt;br /&gt;te abandone&lt;br /&gt;cuando el desamor&lt;br /&gt;te amilane:&lt;br /&gt;visita mis pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-6204767601433116769?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/6204767601433116769/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=6204767601433116769&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6204767601433116769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6204767601433116769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/05/invitacin.html' title='Invitación'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-2866708262054937097</id><published>2008-05-16T22:03:00.008+02:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.501+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>La magia de los números</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_ElyXzU8rXJ4/SC3pfk-7nII/AAAAAAAAAe0/SGLxO5cKM7c/s1600-h/numeros1.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_ElyXzU8rXJ4/SC3pfk-7nII/AAAAAAAAAe0/SGLxO5cKM7c/s200/numeros1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5201069873395637378" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Me gusta pensar en la magia de los números, en su fuerza, en sus diferentes significados. Tomo el quinientos doce, lo acomodo en mi cabeza, lo saboreo, lo palpo y lo desmenuzo: el cinco, cinco son los dedos de mi mano; uno, yo soy uno y por último el dos, ella y yo somos dos, dos que nos encontramos después de que la tierra sólo se detuvo para nosotros y luego siguió &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;girando. Yo venía del sur con mi mochila arahuaca y ella era mi norte. Es mi norte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mano, mis cinco dedos siguen la línea de su piel de manzana sobre su cuerpo extendido en el catre y recorro con mi mano, con mis dedos cada recodo de su cuerpo. Cierro los ojos para seguir el movimiento de mi mano que sube y baja por su geografía y cruza dos montañas de oriente a occidente y de norte a sur. Atraviesa los puertos. Despacio. Sin prisa. Es un recorrido lento porque quiero memorizar cada rincón, cada lugar y quiero trazar el camino de regreso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El quinientos doce hace parte de mi vida y me gusta tenerlo cerca para recordar aquellos días cuando los dos nos dedicamos a cultivar la felicidad que puede tener el color de los claveles y el mar; la luna y los ríos; las montañas y las estrellas; la poesía y la música. Porque a veces me quedo solo como el uno. Y sólo la certeza de que pronto seremos dos me devuelve la ilusión de que el cinco estará otra vez de paseo por su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-2866708262054937097?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/2866708262054937097/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=2866708262054937097&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/2866708262054937097'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/2866708262054937097'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/05/la-magia-de-los-nmeros.html' title='La magia de los números'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_ElyXzU8rXJ4/SC3pfk-7nII/AAAAAAAAAe0/SGLxO5cKM7c/s72-c/numeros1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-8648201134643326386</id><published>2008-06-08T12:48:00.004+02:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.500+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Certidumbre</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;Déjame acariciarte&lt;br /&gt;con mis palabras tibias&lt;br /&gt;como antojos del alma.&lt;br /&gt;Déjame susurrante&lt;br /&gt;mis encantos baldíos&lt;br /&gt;caídos en espacios&lt;br /&gt;de ilimitados siglos.&lt;br /&gt;Déjame palpar&lt;br /&gt;tu soledad de estrella&lt;br /&gt;para sacar&lt;br /&gt;a flote mi mutismo infinito.&lt;br /&gt;Déjame sentir&lt;br /&gt;tu melancolía de luna&lt;br /&gt;y atender el encanto&lt;br /&gt;de tu beldad tan dulce.&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin: 0cm 0cm 0.0001pt; line-height: 14.4pt;"&gt;&lt;span style="" lang="ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);font-size:100%;" &gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-8648201134643326386?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/8648201134643326386/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=8648201134643326386&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8648201134643326386'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8648201134643326386'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/06/certidumbre.html' title='Certidumbre'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-9126514876023269497</id><published>2008-10-27T18:48:00.002+01:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.499+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Juegos inocentes</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De niños, ella y yo, nos repartíamos las estrellas y la luna. El sol no entraba en el juego porque era demasiado candente y a esa edad no nos permitían jugar con fuego. Después a ella las estrellas le parecieron poca cosa por su tamaño y nos quedó sólo la luna. La mitad era mía, la otra mitad era de ella. Y ahí empezaron nuestros conflictos porque ella nunca quiso entender, que por temporadas su mitad desapareciera de un momento para otro, aunque la mía también desaparecía un tiempo después. Pero ella me lo achacaba como un descuido. Se enojaba, pero nos volvíamos a contentar cuando la luna volvía a aparecer.&lt;br /&gt;Ya de grandes se enfadó conmigo la primera vez que retomamos el juego y desapareció su mitad. Nunca más me volvió a dirigir la palabra.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-9126514876023269497?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/9126514876023269497/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=9126514876023269497&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/9126514876023269497'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/9126514876023269497'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/10/juegos-inocentes.html' title='Juegos inocentes'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-8210732861012022551</id><published>2008-06-29T11:19:00.004+02:00</published><updated>2009-03-09T21:59:39.499+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nacianceno'/><title type='text'>Eterno amor</title><content type='html'>He dejado volar mis pensamientos&lt;br /&gt;Para hallarte en el cielo de mis sueños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He dejado volar mis sueños agostinos&lt;br /&gt;Para hallarte en el verano de mi amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He dejado volar mi amor de taciturno&lt;br /&gt;Para hallarte en la esquina de mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No dejaré volar mi vida&lt;br /&gt;Para poderte amar hasta la muerte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-8210732861012022551?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/8210732861012022551/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=8210732861012022551&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8210732861012022551'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8210732861012022551'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/06/eterno-amor.html' title='Eterno amor'/><author><name>nalore</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06390035753710758775</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='04219179066836624119'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-1010799433248578320</id><published>2007-12-03T12:01:00.004+01:00</published><updated>2008-08-23T23:30:21.380+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Conchi Moreno Macías'/><title type='text'>Aydee en las nubes</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/__YJPar4I-oE/R1QBTwZ7g-I/AAAAAAAAAEk/BD-sq8q2VPc/s1600-R/cholita.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5139734513659380706" style="margin: 0px auto 10px; display: block; width: 187px; height: 197px; text-align: center;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/__YJPar4I-oE/R1QBTwZ7g-I/AAAAAAAAAEk/Ss13AEqazQY/s320/cholita.jpg" width="237" border="0" height="234" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div style="text-align: justify;"&gt;Decían que Aidé vivía en las nubes. Y yo fui. Un día quise ir a las nubes en un tren que así le decían, “el tren a las nubes”. Un tren salteño, allá en el noroeste de Argentina. Donde la ciudad es linda y los cerros de colores.&lt;br /&gt;Y anduve sola. Como cuando caminas por la calle sin nadie con quien hablar y de repente te encuentras en medio de un parque y te sientas en un banco a dejar que el sol del mediodía te dé en la cara. Sin más ocupación que esa misma. La de no hacer nada, sino dejar que las cosas hagan sobre ti.&lt;br /&gt;Y así me dejé llevar por aquel tren que partía de Salta, en una madrugada negra y limpia bajo las estrellas en cruz. Mientras buscaba mi sitio junto a la ventana que decía el billete, crucé una de las uniones agusanadas entre dos vagones que le daban al tren un aspecto de yarará trepando por las montañas andinas.&lt;br /&gt;Allí había otros asientos de emergencia. Los del apunado, supe después. Entre las dos sillas de tamaño reducido, sujeta a la pared, había una botella de oxígeno con una mascarilla colgada. Me quede mirándola y sentí que a mi espalda otros ojos observaban el objeto insólito. Escuché cómo respiraba su pecho silbando bajo un jersey de lana de vicuña, que olía a animal silvestre y a viento de arena.&lt;br /&gt;Al volverme me encontré con la sonrisa de un anciano. Llevaba puesto uno de esos sombreros que usaban los indios coyas. Era un hombre pequeño y grueso y tenía las piernas un poco separadas como para no desequilibrarse con los continuos culebreos de los vagones.&lt;br /&gt;—Es que vamos muy lejos, mijita. Hasta las nubes —me dijo alargando la u, al tiempo que levantaba mucho las cejas y arrugaba su frente de color cobre—. Pero no se precisa esto… —dijo. Y señaló el artilugio de emergencia con el oxígeno.&lt;br /&gt;Cuando vi el bulto de su carrillo, entendí y tomé ejemplo mientras me sentaba. Me acordé de la bolsita que me había guardado en el pantalón antes de salir del albergue. Saqué algunas hojas y me las metí en la boca hasta volverlas blandas y después las aplasté con la lengua en el hueco del cachete.&lt;br /&gt;Algo tendrían que ver las hojas de coca o tal vez fuera la paz de estar más cerca del cielo, pero dormí como un hurón durante horas. El sueño me trajo la imagen de una gaviota sobrevolando un mar pintado en la tapa de un libro. Era un cuento que leía de niña y que formaba parte de mis recuerdos más primarios.&lt;br /&gt;Más tarde me despertó la música. La Cruz del Sur ya no se veía por la ventana, y el sol brillaba desde el otro extremo de un puente que nos disponíamos a cruzar. Al final del mismo, recortado sobre la ladera de un cerro, se dibujaba un pueblo que debía de ser Santa Bárbara. Allí, en algún lugar, estaría Aidé jugando con sus amigas, al tiempo que mi tren juntaba valor para atravesar uno de los puentes más altos de América.&lt;br /&gt;Mientras tanto —y quizás para distraer la atención de los pasajeros— las chacareras llenaban los compartimentos de jolgorio. Un grupo de músicos recorrían los pasillos con charangos pegados al pecho y quenas colgadas del cuello anunciando zambas y vidalas. Y esa música alegre salía por las ventanas y volaba entre las nubes. Porque probablemente, pensé, aquella debía de ser la música de las nubes.&lt;br /&gt;Por fin pasamos el puente que parecía hecho con varillas de paraguas y abajo las llamas eran motitas inmóviles pintadas en el suelo. El tren se detuvo al principio del pueblo.&lt;br /&gt;Me adentré por una calle estrecha —guiada por la intuición castellana de que el corazón de un pueblo late en el centro— y sentí que el sol estaba más cerca que nunca de mi cabeza. Había una ligera brisa, cálida, que levantaba el polvo del suelo y lo llevaba lejos, hasta los cardones del horizonte.&lt;br /&gt;Parecía que mi costumbre había dejado su huella siglos atrás, porque al final del camino había una plaza. Y en el medio, una iglesia de adobe pintada de blanco y rematada en una coqueta torre con dos campanas pequeñas. En frente había un parque con un ombú que regalaba una sombra generosa.&lt;br /&gt;El lugar estaba vacío pero del interior de la iglesia salía un eco de voces infantiles.&lt;br /&gt;Entré y me senté en el último banco al contraluz de la tarde. Había tres niñas. Dos jugaban y al verme se acercaron curiosas y les pregunté sus nombres. La otra estaba sentada en el primer banco.&lt;br /&gt;—¿Y vuestra amiga? —les pregunté—. ¿No viene?&lt;br /&gt;—Es Aidé —me contestaron casi a la vez.&lt;br /&gt;Y una de ellas añadió:&lt;br /&gt;—Es que no habla. Su mamá dice que vive en las nubes.&lt;br /&gt;Me levanté y me acerqué hasta ella.&lt;br /&gt;—¿Quieres un caramelo?&lt;br /&gt;Tenía los pómulos encendidos y la piel a los lados de la nariz levantada por el viento. Su pelo era largo y oscuro y trataba de zafarse de una coleta hecha con desgana en la nuca.&lt;br /&gt;Abrí la mano y cogió el dulce.&lt;br /&gt;—¿Sabes? —le dije—, tampoco es para tanto lo tuyo. Eso de andar por las nubes. Total, tú las tienes cerca… —Debió de intuir que algún cuento traía mis palabras porque se acomodó más cerca de mí en el banco, hasta incluso tocarme— …yo te quisiera pedir un favor. Tengo una amiga que viene del mar, como yo. Ella vuela bajito a ras del agua pero le encantaría llegar a las nubes. Quizás tú podrías llevarla a pasear contigo…&lt;br /&gt;Y con sus ojos pegados a los movimientos de mis manos, me quité la goma que tenía en el pelo y la puse sobre la palma de mi mano, a su alcance. Era azul y tenía cosida una gaviota de alas abiertas con una línea negra en los bordes y el pico rojo.&lt;br /&gt;Ella la intentó coger pero al instante cerré el puño.&lt;br /&gt;—Pero antes —continué diciéndole— me tienes que decir cuál es tu nombre. Sólo para que yo sepa con quién se va a volar mi amiga la gaviota…&lt;br /&gt;Y dicho esto, abrí otra vez la mano.&lt;br /&gt;La niña hinchó los pulmones lentamente, soltó el aire de una vez y mirándome con sus ojos cholos dijo:&lt;br /&gt;—Aidé. Me llamo Aidé.&lt;br /&gt;Y me regaló una sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-1010799433248578320?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/1010799433248578320/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=1010799433248578320&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/1010799433248578320'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/1010799433248578320'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2007/12/aydee-en-las-nubes-decan-que-aydee-viva.html' title='Aydee en las nubes'/><author><name>Planeta Moleskine</name><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/__YJPar4I-oE/R1QBTwZ7g-I/AAAAAAAAAEk/Ss13AEqazQY/s72-c/cholita.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-6147848744481794086</id><published>2008-03-24T23:09:00.002+01:00</published><updated>2008-08-05T15:27:41.480+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge'/><title type='text'>Joining a fan club</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El tipo, que no es otro que el mismísimo Jacobo Fuentes, sólo que mucho antes de darse a conocer como contrabajista de jazz en tugurios tristes -aunque esa es otra historia-, sale de su letargo justo cuando alguien le hace ver que va cantando en voz alta por la avenida. Canta canciones que inventa o compone sobre la marcha. Over the march, que diría él. Entonces sucede que empiezan a dejarle monedas en el bolsillo del abrigo. Suceden más cosas, por ejemplo: un grupo de gente le sigue desde hace un rato tarareando al unísono las mismas canciones, sus canciones recién paridas. Porque conviene aclarar que son canciones inventadas para la ocasión. Canciones felices, optimistas, llenas de un entusiasmo renovado. Así que no tarda en brotarle (plop) una guitarra de las manos y una armónica a la altura de los labios, lo que no impide tampoco que siga garabateando melodías. A ratos en algún semáforo o en algún paso de cebra vuelve la vista atrás para ver cómo va aumentando su cortejo de seguidores, momento que estos aprovechan para tomarle algunas fotografías o preguntar dónde se pueden encontrar las grabaciones de aquellas canciones tan estupendas.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La cosa no se le da nada mal, así que se atreve con un repertorio más arriesgado, canciones con textos que poco o más bien nada, tienen que ver con sus propias experiencias vitales, pero que con algo de sobreactuación apasionada, logran dar la impresión exacta de estar relatando su propia vida en ese instante, vida que por otra parte se asemeja a la de muchos otros, que se identifican con lo que el tipo canta y que provoca en ellos la emoción de quien escucha a alguien interpretando una pieza única y cercana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que sucede de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más ejemplos: Una mujer le pide que repita un estribillo una y otra vez,  una adolescente le declara su amor a gritos, después monta un club de fans que con el tiempo fracasa por falta de afiliados –y financiación. Conviene decir que es la misma chica que un párrafo más tarde organiza una buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo, que como dijimos antes, no es otro que el tantas veces denostado Jacobo Fuentes, ajeno a lo que le espera, cruza la ciudad de un extremo a otro con cientos de admiradores siguiendo la estela sonora de sus pasos, sus bolsillos derraman monedas como cascadas felices y sería difícil decir en qué momento es consciente de las radiantes canciones que todavía le quedan atravesadas como conejillos en la garganta. Se detiene –se detienen todos- en otro semáforo, ahora conforman una multitud ordenada pero extensa, como una sábana recién desplegada. Un músico -de conservatorio, todo hay que decirlo- va anotando sus melodías en papel pautado para luego venderlas a una editorial y –atención- la adolescente del párrafo anterior, le acusa de estar embarazada: él y no otro es el padre. Según ella, todo aquello habría ocurrido en la última señal de stop, un aquí te pillo aquí te mato y santaspascuas. Nuestro hombre –Jacobo- dice que ni hablar del peluquín, se indigna, así que a modo de protesta se desprende del abrigo, de los pantalones, del resto de la ropa. Se desnuda sin disonancias, de manera armoniosa. Llegan los agentes y le toman preso, pero sigue trinando canciones inventadas. Se repone del asunto en una celda en la que –conviene resaltar- nunca, bajo ningún concepto, deja de cantar. Poco tiempo después se descubre, con una de esas pruebas genéticas tan modernas que hacen ahora, que la adolescente miente: en realidad ella se lo ha montado con un tahúr al que le falta un brazo. Le nacen tres hijos como tres cáscaras de nuez y todos ellos mancos. Al tipo que protagoniza esta historia le da todo un poco igual. Ya se esperaba algo así. Una vez que se demuestra su inocencia, su carrera se ve impulsada con más brío, como si el hecho mismo de demostrar su honradez y su no-afición a las jovencitas le purificara y le reafirmara a él y sus canciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empieza a amanecer en la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo lo ocurrido últimamente, Jacobo se está pensando mejor lo de ser cantante y quizás se incline por probar suerte como contrabajista de jazz. Nadie repara nunca en los contrabajistas de jazz. Tendrá que recibir unas clases, o algo, se dice, porque no tiene ni idea de lo que es un contrabajo, pero le gusta como suena la palabra. Si tuviera que decir la verdad, el tipo, que no es otro que el vilipendiado  Jacobo Fuentes, sale de su letargo cuando alguien le indica amablemente que va cantando en voz alta por la avenida a las nueve de la mañana y por eso, exactamente por eso, los afectuosos ciudadanos que se dirigen al trabajo a esa hora, comienzan a mirarle de forma extraña. Eso es lo único cierto de toda esta historia, eso y que cuando Jacobo llega a casa, su camiseta todavía guarda el perfume rancio de alguna adolescente embustera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-6147848744481794086?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/6147848744481794086/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=6147848744481794086&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6147848744481794086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/6147848744481794086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/03/joining-fan-club.html' title='Joining a fan club'/><author><name>JorgeG</name><email>gonzalvo@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-83096239587788974</id><published>2008-04-22T22:02:00.002+02:00</published><updated>2008-08-05T15:27:26.863+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Jorge'/><title type='text'>Historia en sí menor</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El director de orquesta y la concertino se citan clandestinamente en el parque como cada mañana de martes, que es el día libre en la sinfónica. El director de orquesta lleva rosas recién cortadas, un gesto que a la concertino, pelirroja, metro setenta y cinco y veinticuatro años, le resulta ciertamente irritante, como si a ella se la pudiera satisfacer con un método tan palmario y quedar bien con una mujer -con cualquier mujer- fuera algo tan simple como ir a la floristería y pedir lo de siempre a una señora canosa con cuellos de almidón. Recién cortadas además, no te jode, susurra la concertino, cuyo temperamento irlandés le resta algo de su delicadeza en momentos así. Si por lo menos fueran media docena de claveles chinos, o unas dalias secas, pero no. Rosas blancas. Recién cortadas. Menudo cliché. La concertino irlandesa, formada en Alemania, Suiza y Austria, se presenta a la cita con uno de esos vestidos de volantes que le quedan tan bien y que sólo se pone para provocar a otros hombres e irritarlo a él, al director de orquesta italiano, maduro y divorciado de su tercera esposa. Se dan un beso en la mejilla, demasiado formal, tan alejado del sexo furtivo que ambos practican en los mejores hoteles de toda Europa, tan lejos de la sed con que se buscan en mitad de algún adaggieto. El director de orquesta tropieza con algo parecido a un desafío en la mirada líquida, verde absenta, de la concertino, algo así como una apuesta arriesgada, que le lleva irremediablemente a entrar al trapo. ¿Me quieres?, le pregunta desde el nacimiento de un temblor, él que siempre enarbola su  batuta con el pulso firme de un mosquetero. Enseguida se arrepiente de tamaña estupidez. Preguntar a una concertino pelirroja de veintipocos, y además irlandesa, si te ama es lanzar al aire un boomerang ponzoñoso que puede acabar rompiéndote el tabique nasal, estúpido, se dice, más que estúpido. Tras un carraspeo suave, ella dirige la vista a la punta de sus pies, a sus uñas pintadas de malva. Se acaricia nerviosa las rodillas y viene a contestar algo que es a medias entre un sí y un quizás, o al menos eso cree el pobre director de orquesta canoso y un tanto astigmático. Pero, vamos, que sí. Es un sí poco convincente, un poco cogido por los pelos. Un sí raquítico, desafinado, no el sí rotundo, como de ovación cerrada, que uno desea escuchar tras una pregunta de ese calado. Un sí más enclenque que el resto de síes del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No muy lejos de donde se encuentran, un chaval también pelirrojo deja escapar de sus manos algunos globos para hacer rabiar a la chica que le gusta. Después le tira del pelo y un poco más tarde le pone una zancadilla. Queda claro para el director de orquesta italiano que, a partir de este momento, lo de ellos es una historia en sí menor, y que va siendo hora de comprarle otras flores o incluso un cactus expresionista a la concertino irlandesa si lo que pretende es poder seguir acariciando su cuello de arpa en alguna habitación de hotel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-83096239587788974?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/83096239587788974/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=83096239587788974&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/83096239587788974'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/83096239587788974'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/04/historia-en-s-menor.html' title='Historia en sí menor'/><author><name>JorgeG</name><email>gonzalvo@gmail.com</email></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-7991038361010415212</id><published>2008-06-28T23:28:00.008+02:00</published><updated>2008-07-01T08:42:53.746+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Conchi Moreno Macías'/><title type='text'>Rituales</title><content type='html'>&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Lucas mira a través del cristal de la puerta de la calle y ve a su madre alejarse en la Transit blanca con la que su padre reparte pan los domingos de amanecida. No mueve un pelo. Tiene el abrigo puesto, la mochila en la espalda, la cabeza despeinada y los ojos pegados a los movimientos de ella. Le han dado carta blanca para quedarse ahí parado unos segundos todos los días. “Hasta que me pierda de vista por completo” le pidió su madre a la cuidadora de la guardería.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="FONT-FAMILY: verdana; TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;—Déjele, total es un minuto. Una manía. Me quiere ver hasta el último instante. Ya sabe, como un ritual.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Después le arriarán para dentro: que se quite el abrigo, que no moleste a los pequeños, que a desayunar y a lavarse las manos y a dejar la silla colocada…hasta que salga la ruta.&lt;br /&gt;Son las siete de la mañana. Pura noche. El cielo está tapado de nubes. En Madrid las clases empiezan a las nueve y media, pero en el cole de Wafaa hay servicio de desayuno. Ella sube la cuesta arrastrada por la mano de su madre. Se mira los pies y se ríe sin hacer ruido porque le patinan hacia fuera con el hielo y se le chocan las rodillas. Entonces su madre gruñe y le da un tirón del brazo. El brillo hosco de sus ojos arropados por la sombra del hijab le transmite a la niña una seguridad que difícilmente podría describir con sus escasas palabras en español. Al llegar a la esquina sabe que es el momento. Después, cuando la suelte del otro lado de la verja que rodea el colegio no habrá besos ni abrazos. Su madre no volverá la cabeza—envuelta hoy en una tela gris que parece el reflejo del cielo— para decirle adiós. Wafaa le aprieta fuerte la mano tres veces. Son tres veces consecutivas, aún a riesgo de castigo. Tres veces separadas por tres segundos. A Wafaa le gusta el número tres y adora que en clase alguien le pregunte cuál es su número favorito, porque en casa nadie le haría una pregunta semejante.&lt;br /&gt;Parece que la noche toca a su fin en Lavapiés. El barrio se despereza como un gato y algunos coches desfilan con lentitud como luciérnagas con el papel aprendido. Una furgoneta sale de un garaje lejano y en la acera de la calle Concordia, tose el motor de un R-5 trasnochado, justo en frente del portal número 7. En el segundo piso Orlando revisa su mochila. A esas horas mira sin ver, para que cuando su hermano mayor le pregunte en el quicio de la puerta—a punto de salir camino del colegio—, el niño pueda decir sin mentiras que sí, me fijé y llevo todo. Pero sólo le interesa mirar por la ventana, echar a un lado las cortinas y ver la luna encaramada en lo alto de los edificios que se amontonan alrededor de ese en el que ellos viven. De todos modos, piensa, es la misma luna en todos los lugares. La misma que mira Valery desde Chiclayo y la misma que busca su madre por las vidrieras de la fábrica. Primero le guiña un ojo—sin controlar del todo el otro que se le queda medio cerrado—, después le dice: “sí, seré juicioso mami”, y por último le lanza un beso que vuela por la rendija de la ventana abierta. El viento que se ha levantado al compás del sol se lo lleva lejos, viaja alto, por encima de las antenas de las casas. Avanza saltándose los semáforos en rojo y despabilando a las farolas. Juega porque es un beso de niño: se deja caer en picado y hace un luping en el moño de una señora que acaba de salir de un portal. Remonta el vuelo y busca el rastro de su destino a lo largo de la M-30 que discurre hacia el sur todavía limpia de atascos.&lt;br /&gt;Más abajo, las alarmas de los relojes, teléfonos móviles, radios y servicios de habitaciones se ponen de acuerdo para despertar a la ciudad. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-7991038361010415212?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/7991038361010415212/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=7991038361010415212&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7991038361010415212'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/7991038361010415212'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/06/rituales.html' title='Rituales'/><author><name>conchi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18150130624255139059</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='01633940828570730359'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-5752309924397391802</id><published>2008-06-23T23:34:00.002+02:00</published><updated>2008-06-23T23:35:14.561+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Marta'/><title type='text'>La gotera</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_oRqsIJhIbBM/SGAXBlR0vCI/AAAAAAAAA6Q/8WVEFk8kmx0/s1600-h/gota.png"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5215193684449213474" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_oRqsIJhIbBM/SGAXBlR0vCI/AAAAAAAAA6Q/8WVEFk8kmx0/s320/gota.png" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La casa tenía goteras. O mejor dicho: una gotera. Una gotera que caía plot plot plot sobre el fregadero y sonaba metálicamente como cuando chocan entre sí los cubos de la basura. Caía a un ritmo lento y acompasado. Plot. Pasaba un rato largo desde que una gota se precipitaba del techo hasta el fregadero y la otra hacía lo mismo, el tiempo suficiente para que ellos se olvidaran de que iba a volver a caer. Plot. Como así no había quien se concentrara para nada, ni para dormir, ni para leer, ni para hacer el amor -y mira que tenían ganas-, pusieron un vaso justo debajo de la gotera para evitar el ruido metálico cuando chocaba contra el fregadero. Ahora sonaba distinto, casi desde lejos, como si estuviera cayendo al otro lado de las paredes de su casa. Plin. Era más llevadero. Si cerraban la puerta de la cocina, casi era imperceptible. Plin. Poco a poco –muy poco a poco– el vaso se iba llenando. Plin plin. Mientras leían cuentos tristes se imaginaban cómo iba llenándose. Gota a gota. Plin. Al mismo tiempo que trataban de dormirse, sin conseguirlo, contaban las gotas como quien cuenta ovejitas durante el insomnio. Si se dormían, soñaban que el vaso se desbordaba. Plin. Se besaban, hacían el amor y el ritmo de la sucesión de gotas era el diapasón de sus movimientos. Plin. Plin. Plin. Y un día el vaso se llenó. Lo vieron por la mañana, cuando se levantaron para ir a trabajar. Se dieron cuenta de que habían dejado de escuchar la gotera en algún momento de la noche. El agua se estaba desbordando, la gota seguía cayendo con su parsimonia habitual, pero ya no sonaba. Quitaron el vaso, pero al caer directamente sobre el fregadero tampoco se oía nada. Silencio. Volvieron a colocar el vaso donde estaba para que volviera a llenarse y a desbordarse, esta vez en completo silencio. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Se les quitaron las ganas de dormir, de leer, de hacer el amor. A veces él susurraba al oído de ella: “Plot plot plot”. Otras veces era ella la que se acercaba a la oreja de él y murmuraba: “Plin plin plin”. Pero nada.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-5752309924397391802?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/5752309924397391802/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=5752309924397391802&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/5752309924397391802'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/5752309924397391802'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/06/la-gotera.html' title='La gotera'/><author><name>Marta</name><email>noreply@blogger.com</email></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_oRqsIJhIbBM/SGAXBlR0vCI/AAAAAAAAA6Q/8WVEFk8kmx0/s72-c/gota.png' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5142670992013385264.post-8607964942259873932</id><published>2008-05-30T10:10:00.019+02:00</published><updated>2008-06-05T09:27:28.995+02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Conchi Moreno Macías'/><title type='text'>Dolores de amor</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_arhyaYNKahM/SD_ACrihWmI/AAAAAAAAAA0/N_nOJcjcges/s1600-h/corazon++sastre.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5206090846543370850" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_arhyaYNKahM/SD_ACrihWmI/AAAAAAAAAA0/N_nOJcjcges/s200/corazon++sastre.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A Mar, mi amiga del alma,&lt;br /&gt;quien, en vez de inventarse dolores, &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_arhyaYNKahM/SD-4-rihWhI/AAAAAAAAAAM/F6x4MgnkgTY/s1600-h/corazÃÂÃÂ³n.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;los convierte en sonrisas&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;La primera vez que me inventé un dolor tenía nueve años. Fue justo el día de mi cumpleaños. Mi padre me había regalado un reloj Casio digital, muy novedoso en aquella época. Tenía calculadora, cronómetro, luz…marcaba la hora local de cinco países dispersos en el mundo y se podía sumergir a cincuenta metros de profundidad. Un reloj como aquel, por descontado, tenía un color ceniciento. No había ningún brillo de fantasía en sus esquinas. Nada de purpurina, ni las manecillas plateadas latiendo sobre la esfera de una Barbie, como a una niña de nueve años le hubiera gustado. Todos esos pequeños detalles—aunque muy lejos del regalo que yo esperaba— definitivamente me hubieran conquistado. Quizás se me hubieran encendido los ojos como lunas al abrir el escueto paquete, y así, quien sabe, me hubiera salvado de un destino sembrado de dolores tan reales como los tropiezos de la vida. Aunque en lo sucesivo, a lo largo de los años, los médicos los ignorarían con obstinación por anodinos o “inespecíficos”.&lt;br /&gt;Pero no fue así. Y aquella tarde del noveno año de mi vida, mientras soplaba con un hilito de aire las velas que coronaban una tarta de yema, me preguntaba por qué mis padres me habían ignorado tanto. No había sido suficiente que cada una de esas tardes heladas y tediosas de domingo me quedase atrás—mientras ellos seguían paseando—con la nariz pegada al escaparate de la librería bajo los soportales de la plaza. Las luces estaban apagadas, pero en la oscuridad de una esquina había un libro de hadas que brillaba con una luz propia y que nada tenía que ver con los seres de esta tierra. ¿Es que ellos no lo veían cuando pasaban por delante? El libro era tan grande que me hubiese podido meter dentro de él a jugar con los elfos y los nomos. Pero nada. Yo, con mi fe de niña, confiaba en que esos enanos obrasen a través de la magia para que su falta de interés se viera compensada. Después de aquello no supe si dejar de creer en las hadas o en mis padres.&lt;br /&gt;Más tarde, cuando masticaba con desgana mi pedazo de tarta, comprendí que no podía afirmar premeditadamente que no creyera en las hadas. Porque hubiera sido mentira, y porque—según la teoría de Peter Pan—, sólo por esa pérdida de niñez, hubiera aniquilado al menos a media docena de ellas. Así que los grandes perdedores fueron mis padres.&lt;br /&gt;Le pedí a mi madre que me colocase el reloj en la muñeca y cuando acabé mi trozo le dije, mirando la tarta con asco, que quería más. Cuando volví a vaciar el plato me fui a mi habitación y me tumbé en la cama. Me quité el reloj y lo coloqué con cuidado a mi lado. Entonces abrí la boca todo lo que pude y comencé a gritar. Gritaba como si me estuviese muriendo, y es que realmente pensaba que esa noche sería la última de mi vida.&lt;br /&gt;Cuando mi padre entró corriendo en urgencias conmigo en brazos, le advirtió al pediatra de guardia que traía un dolor que me atravesaba el lado izquierdo del vientre como una daga, y que quizás fuera apendicitis. El médico—un hombre de barbas blancas y las orejas algo puntiagudas—asintió y mandó que me llevasen a rayos x. Al rato salió empujando la camilla sobre la que me habían colocado y con voz grave dijo:&lt;br /&gt;—Efectivamente la niña está sufriendo mucho…&lt;br /&gt;Vi como mis padres se cogían de la mano&lt;br /&gt;—…sin embargo, no es apendicitis. Ni ninguna otra cosa. Es probable que sólo sean gases.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces, y dada mi limitada capacidad para inventar dolores—quizás debido a que los niños no saben nada de padecimientos,— mis males siempre estuvieron relacionados con la zona abdominal y así fueron recibiendo todo tipo de diagnósticos confusos a medida que crecía. Acetona, agujetas, flato, mala digestión, cólicos —este era el más habitual, y aprendí a convivir con una cajita verde y blanca en la mesilla de noche donde decía Buscapina— dispepsia o síndromes con cualquier apellido…&lt;br /&gt;Hasta aquella tarde de verano al pie del mar, cuando el sol teñía a lo lejos las chumberas de naranja. En un callejón entre dos casas vecinas, vi al chico que pocos días atrás me había dado el primer beso de mi vida. Yo todavía sentía mis pies flotar al pensar en sus labios húmedos y entornados como invitando a pasar. Yo tenía trece y él quince. La chica que apretaba contra la pared y a la que le metía la lengua en la boca debía de tener más de diecisiete. Entonces sentí que un dolor rodaba desde mi pecho y se me instalaba debajo del ombligo. La punzada me hizo doblar las rodillas, y caí en las baldosas del paseo marítimo como un pájaro herido.&lt;br /&gt;Aquella vez el médico le dijo a mi madre que probablemente —aunque era más ojo clínico que otra cosa— tenía una inflamación lógica de los ovarios que precedía a mi primera menstruación.&lt;br /&gt;—Su hija se está haciendo mujer —dijo como el que remata un discurso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese día mi creatividad para las dolencias floreció con el mismo ímpetu que mis senos. Las algias campaban a sus anchas por mi cuerpo: cefaleas, lumbalgias, neuralgias, otalgias. Tardé en saber que a medida que maduraba, estas manifestaciones llegaron a traspasar los receptores del dolor de mi piel y crecían en forma de manchas o me doblegaban a través de mareos o náuseas. Cuando iba al médico era incapaz de definir dónde me dolía, porque saliendo de casa me atormentaba la cabeza, y al llegar a la consulta juraba que era el esófago. Había además un denominador común: todos remitían espontáneamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, por mi parte, al acabar el colegio me matriculé en la facultad de medicina para quizás, mediante el conocimiento, llegar al origen de tanto sufrimiento leve pero insidioso. Jamás logré establecer una conexión entre todos aquellos trastornos. Hasta que un año, en la noche anterior a Navidad, recibí una llamada de mi novio.&lt;br /&gt;Hacía dos años que salíamos y nos amábamos con la dulzura de los veinte años. Los últimos meses habían sido complicados porque él estaba bajo de ánimo y había comenzado a frecuentar un psicoanalista. Pensábamos que aquellas fechas familiares nos aferrarían a un sentimiento que crecía con los días y habíamos quedado en que vendría a cenar en Nochebuena a mi casa.&lt;br /&gt;—Cariño, es mejor que lo dejemos. No estoy seguro de nada.&lt;br /&gt;Fueron las últimas palabras que le escuché decir.&lt;br /&gt;Esa noche comí y bebí con normalidad. Hasta podría decir que disfruté. Pero al acostarme tuve el dolor más diáfano, localizado y persistente de cuantos había soportado hasta entonces. Sentí que se me abría el pecho en el lado izquierdo, una presión seguida de falta de aire y un pinchazo entre las costillas. En esa ocasión no tuve dudas. Me dolía el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque hasta el suceso de la grúa—algunos años más tarde— nada ni nadie arrojó verdadera claridad sobre la causa de mis quebrantos. Una mañana salí a buscar mi coche temprano para ir a la biblioteca. Pero no arrancó. Cuando llegó la grúa entre la niebla del invierno y el mecánico me preguntó por los síntomas del coche, rompí a llorar. El hombre tuvo la entereza de ignorarme y tratar de poner el coche en marcha sin mi colaboración. Como no lo consiguió, cargó el coche y me invitó a subir en la cabina de la grúa mientras yo seguía llorando. Lloré cuando se adentró en la ciudad y cuando me llevó hasta la antesala de una clínica en la que se detuvo para dejarme a mí antes que al coche.&lt;br /&gt;El gruero me acompañó hasta la sala de espera y se despidió con un “mujer anímese”. Al cabo de unos minutos un hombre sin bata llegó desde el fondo del pasillo y me llamó para que entrase.&lt;br /&gt;— ¿Dolores García?&lt;br /&gt;Levanté la cabeza avergonzada con los ojos mojados, sin entender bien qué estaba yo haciendo allí. Me indicó que pasase delante de él y me dijo que íbamos a la consulta siete. Intenté decirle algo, pero asintió al tiempo que sonreía con calma:&lt;br /&gt;—Tranquila, ahora me cuenta…&lt;br /&gt;Me senté frente a él sin muchas ganas de mirarle a los ojos y encajar sus preguntas. Por los cuadros que desfilaban por las paredes, en los que me distraje unos minutos, entendí que no era un médico general, sino un psiquiatra.&lt;br /&gt;—Dígame, qué le sucede.&lt;br /&gt;—Tengo…dolor.&lt;br /&gt;Antes de empezar con mi letanía, el doctor se adelantó y me dijo que mejor le indicase el lugar señalándome con el dedo. Me llevé la mano al lado izquierdo del pecho y me animé a mirarle. En sus ojos—dos granos de café—encontré un brillo de conformidad, como si mi gesto hubiera tocado la tecla exacta en lo más profundo de sus pensamientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquél hombre, doctor, Psiquiatra por la Universidad Complutense, me diagnosticó una enfermedad mortal. No vaciló en sus palabras. No me mandó volantes para pruebas diagnósticas, ni jugó al despistaje con tratamientos peregrinos. Diríase que cogió el toro por los cuernos.&lt;br /&gt;—…pero no se preocupe. En usted la patología ha cronificado. Sólo tiene que aprender a vivir con ella. Sus dolores son de amor, y lo más probable es que algún día se muera de amor. Aunque si alguien me llegase a preguntar, yo nunca le he dicho esto.&lt;br /&gt;Debió de entender, por mi forma de encogerme en la silla, que la palabra morir no estaba en mis planes, y con una sonrisa generosa añadió:&lt;br /&gt;—Y dígame ¿hay alguna forma más digna de morir?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5142670992013385264-8607964942259873932?l=planetamoleskine.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/feeds/8607964942259873932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5142670992013385264&amp;postID=8607964942259873932&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8607964942259873932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5142670992013385264/posts/default/8607964942259873932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://planetamoleskine.blogspot.com/2008/05/dolores-de-amor.html' title='Dolores de amor'/><author><name>conchi</name><uri>http://www.blogger.com/profile/18150130624255139059</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='01633940828570730359'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_arhyaYNKahM/SD_ACrihWmI/AAAAAAAAAA0/N_nOJcjcges/s72-c/corazon++sastre.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry></feed>